Creía que el mundo giraba en torno a las hojas del otoño, ésas que son amarillas con tonos café.
Pensaba que en la orilla de la playa todavía sus pasos iban a estar marcados.
Soñaba con saltar y escribir en una nube su nombre.
A veces contemplaba en sus manos su propio mundo.
No soporta el frío porque no le gusta el café amargo y añora esos jugos frutales de verano.
En su escritorio el desorden a ojos ajenos es el orden máximo de sus pensamientos.
